Seguir la dieta mientras viajas, comes de restaurante y desayunas en un hotel es difícil pero no imposible. Sigue estas 4 pautas y tu alimentación no se resentirá.

En nuestra rutina, las interminables sesiones de trabajo en la oficina, las reuniones y, claro, esos viajes que no son de placer vacacional y sí de obligación profesional. Uno de los grandes dilemas de la gente que debe viajar bastante por trabajo es el hecho de cómo comer saludable mientras no se está en casa.

Sin embargo no está todo perdido. Solo se necesita un poco de fuerza de voluntad y seguir algún consejo para comer bien y como toca mientras estamos de viaje. Estos son algunos de los que más te ayudarán:

  1. No dejar pasar la hora de la comida:una reunión que se alarga, preparar los últimos bocetos… Mientras se está de viaje es fácil olvidarse de comer y cuando nos damos cuenta lo habitual es paliar nuestro apetito comiendo “cualquier cosa”, pero sobre todo, rápida. No hay que dejar pasar tantas horas entre comida y comida porque una vez se haya cruzado la barrera de las de cinco horas, el azúcar en la sangre comienza a caer en picado, y necesitamos comer para abastecernos de combustible. Así que lo ideal es tratar de cumplir con nuestro horario regular de comida y ser previsores. Tal vez preparar un sándwich con ingredientes saludables y llevarlo con nosotros es una buena idea.
  1. Diseñar comidas saludables:mientras estamos fuera siempre nos permitimos algún tipo de lujo. El “ya me cuidaré cuando vuelva a casa” es una excusa bastante recurrente con nosotros mismos, y al final acabamos cayendo en la tentación de comidas poco saludables. Un buen truco para no caer en esta tentación es diseñar previamente nuestros menús para cada día. Así aunque estemos de viaje, sabemos que hoy deberíamos comer verduras con carne o pescado y mantener lejos las raciones de patatas fritas.
  1. Evitar las calorías líquidas:está bien disfrutar de la vida social con una copa en la mano pero lo ideal es no tirar por la borda todo el trabajo previo. Los cócteles, por ejemplo, son algunas de las bebidas que más calorías tienen. Una piña colada puede aportarnos más de 600 calorías y un té helado Long Island puede tener cerca de 800 calorías, y al estar rico y ser líquido, las consumimos sin ningún tipo de temor. Lo mejor es, sin dejar de socializar, apostar por una opción alcohólica más baja en calorías, como una copa de vino o una cerveza.
  1. Caminar, bicicleta, nadar…Estás de viaje, sí, pero no por eso no puedes practicar algo de deporte. Mantener un nivel mínimo de actividad física puede ayudarnos a sobrellevar mejor nuestra rutina profesional y también a hacerla más saludable. Caminar es una de las mejores maneras de ver y experimentar una nueva ubicación, y es una gran manera para compensar esas calorías que hemos ingerido de más. Sucede lo mismo con la bici y también con nadar, que además nos ayuda a mantener nuestra mente más despejada y a convivir con el jet lag.

 

Fuente: larazon.es