A partir del 2020… se acabaron los tickets…

La UE ha prohibido el uso del BPA en el papel térmico.

Por qué deberías rechazar ya el ‘ticket’ de la compra, aunque la prohibición entre en vigor en 2020. En este caso, la ley va más lenta que la ciencia. Los investigadores ya saben que el bisfenol A de estos papeles está relacionado con problemas de salud

A pesar de que todos estamos expuestos a este químico a través de los distintos recibos que recibimos cada vez que realizamos una compra —el 90% de ellos contiene esta sustancia, según las investigaciones de Olea—, el problema afecta principalmente a quienes trabajan en constante contacto con este tipo de material. «He recibido llamadas del personal de un hospital para preguntarme qué podían hacer porque todas las recetas se hacían con papel térmico. También de un controlador aéreo, que hace todos los informes de vuelos con este material», asegura Olea.

La única forma de evitar los daños del BPA a la salud es no estar expuestos a él. Precisamente por esto, Francia decidió legislar el uso del bisfenol A en el papel térmico y prohibir su uso. «Lo hicieron para proteger sobre todo a quienes trabajan en las cajas de tiendas y supermercados, que en su mayoría son mujeres, el grupo de mayor riesgo por las consecuencias que tiene en el embarazo», aclara el experto. La Unión Europea (UE) también decidió restringir su uso en 2016 en una ley que se hará efectiva en 2020.

Por si sus efectos sobre la salud fueran pocos, el BPA también tiene consecuencias sobre el medio ambiente. «Al reciclar este tipo de papeles, la sustancia se libera y contamina el proceso de reciclaje porque la pasta de papel que se hace se llena de bisfenol A«, explica Julio Barea, responsable de la campaña de Reciclaje de Greenpeace, quien explica que también se libera y pasa al medio ambiente: «Por ejemplo, se ha detectado en poblaciones de caimanes que nacían con malformaciones». La solución es clara, coinciden los expertos: buscar alternativas que no sean dañinas para la salud. «No como el bisfenol S (BPS), que se está usando en Francia y es igualmente tóxico, pero no está regulado», concluye Olea.

 

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