La igualdad de género avanza lenta en el mundo empresarial

Cien grupos lideran las políticas para reducir la brecha de género en el mundo, cuatro españoles.

La igualdad de género avanza lentamente en el mundo y aún queda camino por recorrer. Equileap, una de las grandes organizaciones que luchan por acelerar la igualdad de género en el terreno laboral, ha elaborado, por tercer año consecutivo, su informe global que analiza la situación en el mundo empresarial y evalúa las actuaciones de las grandes compañías para acelerar el equilibrio de género en sus organizaciones. Equileap analiza la presencia femenina en cuatro niveles laborales: empleados, puestos de gestión sénior, ejecutivos y consejos de administración.

Los datos de este año muestran que las mujeres siguen teniendo mayor presencia como empleadas. Son el 36% a nivel global, frente al 21% de los puestos sénior, el 15% del nivel ejecutivo y el 22% de los asientos en los consejos de administración.

 

Cuatro españolas están entre las 100 primeras, donde el año pasado sólo había dos (Enagás e Iberdrola). NH es la mejor posicionada en el 48, seguida de Red Eléctrica en el 49 (el año pasado estaba en el 128). Enagás se coloca en el 81 y Repsol, que no figuraba entre los 200 de 2018, en el 83.

 

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Dar más libertad para ser más productivos

Trabajar desde casa y por objetivos, una tendencia que cada vez más jefes valoran.

Peter Bohlin fue el responsable de materializar las ideas que se agolparon en la cabeza de Steve Jobs cuando decidió construir las oficinas de Pixar. Definidas por dicho arquitecto como «perversas», muchas de ellas tenían un único objetivo: que los trabajadores se rozaran. «Jobs estaba convencido de que el contacto humano, incluso el enfrentamiento, fomentaban la creatividad», explica José Ángel Medina, director del Máster Universitario de Arquitectura de la Universidad de Navarra, que añade que este tipo de métodos están empezando a quedarse obsoletos. «Hoy se está instalando en la empresa otro concepto: el de apelar a la responsabilidad de cada individuo», asegura Medina, que cree que muchas empresas han asumido ya que no es necesario que sus trabajadores pasen largas jornadas en la oficina para hacer bien su trabajo. «Hoy se funciona por objetivos en muchas compañías y los jefes tendrán que acostumbrarse a trabajar así», reconoce Mercedes Rubio, profesora de Dirección de Recursos Humanos de la Universidad CEU San Pablo, que pone como ejemplo a Ricardo Semler, autor del bestseller de empleo Maverick y directivo que revolucionó a la empresa brasileña Semco cuando decidió, entre otras cosas, dar flexibilidad a sus empleados para trabajar desde cualquier parte, «sin horarios y sin puestos asignados, sólo por objetivos».

El extremo de esta nueva forma de trabajar lo encontramos en las empresas que nacen sin oficina y que se niegan a inaugurar una cuando crecen. Aunque inicialmente el ahorro de costes está detrás de esta decisión, lo cierto es que muchas de ellas se mantienen firmes a lo largo del tiempo. La consultora de diseño y branding española NTITY no tiene oficinas y utiliza este mensaje como una ventaja competitiva frente a otros actores del sector. «Tenemos empleados en Barcelona, Madrid, Dusseldorf o Estambul. No es un capricho, es el sitio en el que encontramos el mejor talento. ¿Por qué debíamos renunciar a él por instalarnos en una oficina concreta?», se pregunta Beatriz Cuevas, una de las fundadoras de dicha compañía, que trabaja para marcas como Mahou o Schweppes. «Ahora somos más eficientes, ordenados y metódicos», reconoce Cuevas que trabajó con su socio Juan Mas en una oficina antes de tomar la decisión de hacerlo desde casa.

 

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Hay que decidir qué guerras merece la pena librar

Cuando entramos en conflicto con alguien o con el mundo en general, consumimos buena parte de nuestra energía con enfados, pensamientos negativos, réplicas y contrarréplicas. Ser reactivos, además de agotarnos, nos coloca siempre en desventaja, ya que entonces no decidimos nuestras acciones: vamos a remolque de los acontecimientos, tratando de defendernos y justificarnos, buscando que los demás corrijan su actitud, se disculpen o hagan aquello que nosotros haríamos en su lugar. Algo que nunca se producirá, ya que nadie está en el lugar de nadie. No se trata de ser indiferente a todo. Pero en la vida hay que decidir qué guerras merece la pena librar para despreocuparnos de lo demás.

Contra todo este sufrimiento mental innecesario, el bloguero Mark Manson nos formula la siguiente pregunta: “¿Y si lográramos que todo nos importara un pimiento?”. Este tejano, de 33 años, empezó escribiendo para sí mismo artículos que reflejaban su visión de la vida. La conclusión a la que llegaba es que prácticamente nada de lo que nos preocupa merece la atención que le dedicamos. Podemos resumir su filosofía en estos cinco puntos:

  • Los marrones, decepciones y pequeñas catástrofes estarán siempre presentes en nuestro día a día. Forman parte de la existencia. Acéptelo.
  • La felicidad reside en que no te importen demasiado. Es decir, cuanto menos te afecten mentalmente los conflictos cotidianos, más libre y satisfecho estarás.
  • Ponerse siempre a prueba e intentar demostrar a los demás lo fuerte que somos nos conduce a la infelicidad.
  • Dado que vivir consiste en resolver problemas, seleccione al menos los que merezcan la pena.
  • El enfrentamiento es necesario. Hay cosas en nuestra vida que necesitan romperse para luego recomponerse y ser mejores.

 

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5 tips para evitar la muerte de tu empresa

Si bien el número de empresas en España crece desde hace 4 años, el tamaño medio sigue siendo muy reducido: casi el 96% tienen menos de 10 asalariados. Esto se traduce en mayores dificultades para acceder a financiación, innovar y mejorar la productividad y la competitividad.

De hecho, según estudios estadísticos, España tiene una alta mortalidad empresarial, superior a la media europea.

Desde Incrementa te queremos ofrecer 5 consejos para asegurar la buena salud de tu empresa:

  1. Recuerda cuál es tu propuesta de valor. La competencia es un factor clave al momento de emprender, sin embargo deja de pensar en ella, solamente identifica quién es y qué hace; crear tu oferta y aprende a defenderla te ayudará a ser diferente en el mercado.
  2. Sé un líder, no un jefe. La gente busca a alguien a quien seguir, a quien esté dispuesto a luchar con y por su equipo. Conecta emocionalmente con tu equipo de trabajo, cree en ellos, motívalos y pronto verás resultados en la productividad de tu empresa.
  3. Créetelo. Cuida tu aspecto físico, haz deporte, ten una disciplina con tus horarios y tus comidas. Mantén un orden en tu oficina, en tu agenda. Mantén activas tus redes sociales y tu página web. Si cuidas esta imagen que proyectos de dentro hacia fuera repercutirá en tu negocio más pronto que tarde.
  4. Cuida a tus clientes. Ya lo decía Philip Kotler no hay mejor publicidad que un cliente bien satisfecho. Invierte tiempo en cuidar a tus clientes, a mantenerte en contacto con ellos. Una llamada, un mail una comida de vez en cuando reforzará su conexión emocional contigo y será más fácil fidelizarlos.
  5. Protégete. Invierte tiempo y dinero en todo el ámbito legal de tu empresa, desde regularización de impuestos hasta contratos de confidencialidad con tus clientes y trabajadores o incluso un compliance penal. ¡Evita sorpresas!

Incrementa… ¡tu socio!
En Incrementa nos encanta nuestro trabajo y nuestro compromiso es ayudar a Pymes, autónomos y emprendedores a gestionar sus negocios, compartiendo con ellos nuestros conocimientos y experiencias. Somos parte de tu empresa, haciendo que no estés solo en tu camino como empresario.

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Cómo hablar en público en 6 pasos

El miedo a hablar en público, se llama glosofobia y los expertos recomiendan combatirla con esta terapia de choque de seis pasos:

  1. Enfréntate al problema. Este es uno de esos casos en los que el mejor remedio es la terapia de choque. «Si tengo miedo a hablar en público y no lo hago, me va a generar cada vez más ansiedad y tensión. Se refuerza el temor», afirma Fouce. Esto, aunque en un primer momento puede aumentar los mecanismos biológicos (sudoración, palpitaciones), llegado un punto conduce a la superación. «De ese modo se frena la dinámica, y la persona comprueba que nadie se ha reído, que ha salido bien, que no ha sido para tanto», añade.
  2. Ensaya frente al espejo. Coge el cepillo del pelo pero no para hacer playback con una canción de Madonna sino a modo de micrófono para preparar tu exposición. «Tiene que considerar la voz y el lenguaje corporal, ya que ayudan a tener una mejor presentación; la entonación, los gestos adecuados y la postura son fundamentales. Conviene ensayar mucho para superar el miedo», aconseja Ampuero.
  3. Prepárate el discurso. Tener claro qué se va a decir «es el antídoto más eficaz contra el nerviosismo», indica Julio Ampuero. «Para ello hay que trabajar con anticipación el tema por escrito, elaborar un esquema con los puntos principales para organizarse, considerar su duración, el estilo y aclarar las dudas sobre el contenido a exponer». En los momentos previos a la intervención, «realice ejercicios de modulación, de respiración y de vocalización para perfeccionar la expresión oral».
  4. Aprende a relajarte. Recurre a algunas de las técnicas conocidas de relajación. Evita decir que estás nervioso: «Le hará pensar en que lo está», advierte Fouce. Justo antes de hablar, «respire profundamente y beba agua si es necesario», recomienda el experto en logopedia.
  5. Fija la vista en un punto concreto. «Puede ser una persona que le genere especial confianza», dice Guillermo Fouce. «Si no es posible, trate de dirigir la mirada hacia distintos lugares de la sala», agrega Julio Ampuero. Coger un lápiz o juntar las manos también puede ayudar a canalizar el nerviosismo.
  6. Imagina la situación en positivo. Pensar que va a salir bien es casi una garantía de éxito. Como el resto de medidas, va dirigida a «no estar nervioso cuando llegue el momento de la verdad, porque para su cerebro no será una situación nueva sino algo a lo que está más que acostumbrado», apostilla Julio Ampuero. Y si no es suficiente, piensa en esos futbolistas en las entrevistas: dicen cuatro cosas sin sentido y la gente los adora.

 

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Inteligencia emocional, para qué sirve

La inteligencia emocional es “algo” dentro de todos nosotros que es intangible. Afecta como manejamos nuestro comportamiento, navegamos las complejidades sociales y tomamos decisiones para alcanzar resultados positivos.

Puedes entrenar a tu cerebro repitiendo actitudes y acciones inteligentes. Cuando tu cerebro refuerza estos comportamientos, las respuestas anteriores se van borrando de los caminos neuronales. Antes de que te des cuenta, estarás respondiendo con más inteligencia emocional ¿Por qué mejorarla?:

1. Te estresas con facilidad

Cuando te comes tus sentimientos, estos se acumulan hasta generar sensaciones como tensión, estrés y ansiedad. Las emociones ignoradas dañan el cuerpo y la mente. La inteligencia emocional te ayuda a manejar mejor el estrés al ayudarte a identificar las situaciones que te agobian y a enfrentarlas adecuadamente a tiempo.

2. Te cuesta trabajo ser asertivo

Las personas con buena inteligencia emocional tienen un buen balance de buenos modales, empatía y cordialidad, pero son capaces de establecer límites. Esta combinación es ideal para manejar los conflictos.

3. Tienes un vocabulario emocional limitado

Las personas con buena IE dominan sus emociones porque saben identificarlas y tienen un gran vocabulario para nombrarlas.Muchas personas simplemente definen su estado de ánimo como “malo”, las emocionalmente inteligentes saben decir “frustrado”, “ansioso”, “irritable”, etc. Cuanto más específica sea la palabra, mejor conocimiento tendrás de qué estás sintiendo, qué causa la sensación y qué hacer al respecto.

4. Asumes cosas rápidamente y defiendes tus posturas con vehemencia

Las personas que carecen IE forman opiniones rápidamente y sucumben a información vaga, que apoye sus propias posturas e ignoran cualquier cosa que pueda llevarles la contraria. Las personas emocionalmente inteligente marinan sus pensamientos porque saben que las reacciones iniciales se mueven por los sentimientos. Dejan que sus pensamientos se desarrollen y consideran consecuencias y contrargumentos posibles. Luego comunican su idea de la manera más efectiva posible, considerando las opiniones de la audiencia.

5. Guardas rencores

Guardar un rencor significa que estás guardando el estrés de un enojo y las personas emocionalmente inteligentes saben que deben evitar esto. Soltar las cosas no solo te hace sentir mejor, también puede ayudar a tu salud.

6. No sueltas tus errores

Las personas emocionalmente inteligentes se alejan de sus errores, pero no los olvidan. Saben manejar muy bien la delgada línea entre recordar y revivir.

7. Sientes que la gente no te entiende

Cuando te falta inteligencia emocional es difícil entender cómo te ven los demás. Te sientes poco entendido porque no puedes dar tus mensajes de la manera correcta. Las personas con alta IE saben que aun con práctica no siempre se da una comunicación 100% efectiva. Saben darse cuenta cuando las personas no los están entendiendo, ajustan su estrategia y recomunican su idea hasta que se dan a entender.

8. No sabes cuáles son tus disparadores (triggers)

Todos tenemos disparadores, situaciones o personas que nos presionan y nos llevan a actuar de manera impulsiva. Las personas emocionalmente inteligentes estudian estos triggers y evitan las situaciones o individuos que les pueden hacer perder la cabeza.

9. No te enojas

No es que las personas emocionalmente inteligentes no se enojen, pero manejan mejor sus molestias para obtener el mejor resultado posible. A veces esto es simplemente mostrar que estas enojado, triste o frustrado. Ocultar tus emociones constantemente con una falsa actitud positiva no es genuino ni productivo. Las personas con buena IE emplean las emociones negativas y positivas en las situaciones correctas.

10. Culpas a otros por como te hacen sentir

Las emociones vienen de dentro. Es muy tentador atribuir tus sentimientos a las acciones de otros, pero debes tomar responsabilidad por ellas. NADIE PUEDE HACERTE SENTIR ALGO QUE TU NO QUIERAS SENTIR. Pensar lo contrario solo te frena.

11. Te ofendes con facilidad

Si sabes muy bien quién eres, es difícil que las cosas que otros dicen o hacen respecto a ti te molesten. Las personas con sanidad emocional son seguras y de mente abierta. Incluso pueden burlarse de sí mismas porque saben muy bien cual es límite entre el humor y la degradación.

 

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Educar en respeto, no en obediencia

A menudo, los padres no saben distinguir entre respeto y obediencia, lo cual ocasiona que la relación con sus hijos sea sana. Por esta razón es importante saber cuál es el límite que separa estos dos conceptos y cómo separarlos en la práctica.

Cabe destacar que, muchas veces, la obediencia no da como resultado padres e hijos felices. De hecho, muchas veces crea una barrera entre ambos que, progresivamente, perjudica el afecto y sus distintas expresiones.

¿Qué es la obediencia?

La obediencia es la acción de seguir las órdenes de otra persona (considerada como superior) sin cuestionamientos, justificaciones, motivos ni razones. Por lo general, esto implica que se atienden a los preceptos del superior para complacerlo.

Riesgos de la crianza basada en la obediencia:

Los niños no se atreven ni saben expresar sus emociones porque cualquier acto espontáneo es sancionado.

Los niños a los que se les enseña a guardar silencio, a esconder sus lágrimas porque «llorar es de débiles» o a quedarse quietos porque «molestan», se reprimen emocionalmente.

La obediencia busca también «proteger» al niño de posibles peligros. Un niño obediente es una persona que no cruzará la zona de confort del hogar y que estará apegado a esa burbuja familiar.

Educar en respeto crea vínculos sanos

No es lo mismo «cállate y quédate quieto que lo único que haces es molestar» que decir «¿puedes guardar silencio ahora, por favor? Mamá está hablando por teléfono».

Toma nota de estas claves en las que reflexionar sobre el valor de la educación basada en el respeto:

Ofrece responsabilidades a tu hijo. Es necesario que desde bien temprano aprenda la importancia de hacer cosas por él mismo y hacerse cargo de sus objetos personales. Poco a poco se sentirá orgulloso de sí mismo al darse cuenta de que es capaz de hacer muchas cosas y de que nosotros, confiamos en ellos.

Razona con tus hijos sobre toda norma que establezcas en casa. Explícale por qué debe cumplirse. Habla con tus hijos y establece una comunicación respetuosa donde atender todas sus preguntas.

Cuando haga algo mal no grites ni humilles («eres torpe», «eres el niño más malo del mundo»). En lugar de intensificar la negatividad, enséñale a hacer las cosas bien. Entiende sus emociones y enséñales a canalizar y a entender esos procesos internos.

 

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La economía sumergida en España

Hace poco, se publicaba lo siguiente:

El sindicato de Técnicos de Hacienda cifra en 59.000 millones de euros la menor recaudación de España respecto a lo que le correspondería de tener una presión fiscal media con la UE-28.
Según Gestha, el diferencial de la presión fiscal española se debe en primer lugar a la abultada economía sumergida española, que se sitúa casi 10 puntos por encima de la media del resto de los países de la Eurozona. Si el volumen de economía sumergida se redujera en 10 puntos se podrían recaudar unos 38.000 millones de euros anuales entre impuestos y cuotas de la Seguridad Social defraudadas, según sus cálculos.

La economía sumergida afecta a más de un millón de personas y mueve unos 202.000 millones de euros al año, según fuentes del 2015. Este dinero se escapa a las arcas del Estado porque no tributa y no todo proviene de actividades ilegales, sino que mucho procede de los sectores de la construcción, restauración y los comercios.

Esto nos hace reflexionar…España es un país con una “cultura defraudatoria”, aunque cada vez más, se está reduciendo, ya que no ha dejado de descender en los últimos 10 años, al igual que el resto de los países de la Unión Europea. Aun así, la posición del país no ha variado respecto a Europa y se encuentra como hace diez años, justo en la media.

Muchos apuntan la culpa a una tasa de paro de larga duración alta, rentas bajas y desconfianza en las instituciones son ingredientes básicos del empleo no declarado.

Seguramente, tampoco ayuda ver el mal uso que se suele hacer de lo recaudado y los altos tipos impositivos, aunque los dirigentes consideren que no son suficientes…es más, si se aflorara toda la economía sumergida… ¿realmente se bajarían los impuestos?

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¿Arrepentirse de ser buena persona? ¡NUNCA!

No te arrepientas de ser buena persona. ¿Cuántas veces habrás pensado que no merece la pena ser alguien bueno? Que siempre sucede algo en tu contra. Que los buenos gestos no siempre se acompañan de reconocimiento. Y no ya solo de reconocimiento… sino que en tantas ocasiones te habrás dado cuenta que tus gestos no han sido, si quiera, percibidos por el otro.

Solemos pensar que las personas buenas serán recompensadas y las personas malas serán castigadas. No existe tal ley en la vida. La vida nos sorprende con su casualidad y su aleatoriedad. Esta idea, errónea, genera muchas expectativas alejadas de la realidad. Es como si diéramos por supuesto lo que va a acontecernos.

Cuando lo que hago es porque me nace de esta manera estoy siendo justo conmigo mismo y con el otro. No obstante, si queremos obtener algo del otro siempre podremos pedírselo. Quizá te reconozcas en este ejemplo: Hay personas que para obtener cariño y atención por parte de sus parejas son muy detallistas con estas. Y cuando sus parejas no les devuelven el gesto se enfadan y culpan al otro de no ser detallista.

Si estás siéndolo para obtener algo a cambio, sé honesto contigo mismo y plantéate realmente cómo actuar de manera más genuina sin recurrir a esas pequeñas manipulaciones que tanto daño acaban generando en uno mismo y en el otro. Además…nunca te arrepientas de ser buena persona. La bondad siempre vuelve en forma de paz con uno mismo. 

 

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España y sus raros horarios

Mientras en España vemos El Ministerio del Tiempo o el programa líder de audiencia de la temporada, en Alemania están ya descansando en la cama. En Italia, donde han cenado a las 19.30- 20.00, están también en ello. Lo que a priori puede parecer una anécdota es, en la práctica, un retraso medio de dos horas que afecta a la organización diaria de todos los ámbitos de nuestra vida: el trabajo, la familia y el ocio.

España vs. Europa (incluidos los países mediterráneos)

«Cuando te vas a vivir fuera o tienes contacto con españoles que se trasladan al extranjero te das cuenta que somos el patito feo de nuestro entorno», comenta José María Fernández-Crehuet, «España es un país muy peculiar en sus horarios». Como Doctor y profesor de Economía y ADE en la Universidad a Distancia de Madrid, ha abordado esta cuestión en su tesis doctoral y ha recogido sus investigaciones en el libro La conciliación de la vida profesional, familiar y personal. España en el contexto europeo.

Entre las conclusiones que se extraen hay algunas demoledoras: trabajamos más horas que el resto con peores resultados (la productividad es menor) y nuestros horarios son un lastre para la tan ansiada conciliación de la vida laboral y personal.

Fernández-Crehuet analizó 27 indicadores que representan las grandes áreas que influyen en la conciliación (tiempo, familia, salud, trabajo y políticas sociales) y los comparó con los datos que aporta Eurostat (la Oficina Estadística de la Unión Europea) del resto de países de nuestro entorno. Así fue trazando el que sería nuestro itinerario cotidiano y vio «que los españoles empezamos muy mal el día. Lo hacemos cansados y de mal humor porque nos acostamos muy tarde. Además, no desayunamos en casa o la hacemos rápido y mal».

Y partir de ahí todo va a peor porque después «necesitamos parar para comer algo y esa hora que perdemos a media mañana la podríamos ganar al final del día para irnos antes a casa. De igual modo que en lugar de comer tarde, podríamos hacerlo perfectamente a la 13.00». Si a esto le sumamos que España es un lugar en el que la jornada laboral es mayormente interrumpida y partida por la mitad «el número de horas de presencia en el trabajo se alarga» y todo se retrasa: desde el tiempo de ocio al prime time televisivo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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