Consejos para adaptarte a las rutinas sociales tras el fin del confinamiento

No hay que tener miedo a las nuevas rutinas

El confinamiento nos obligó a vivir nuevas rutinas adaptadas a la restricción de espacio y entorno social. Desde las reuniones familiares por videollamada al deporte en casa, cocina y pintura, teletrabajo y el ya conocido como “telecolegio”. Nuevos hábitos “para entretenernos, para concentrarnos y para ser productivos que difieren bastante de aquellos a los que la mayoría está acostumbrado”. Ahora, al comenzar el desconfinamiento poco a poco deberíamos combinar las rutinas a las que nos habíamos acostumbrado durante la cuarentena con las nuevas rutinas que iremos adquiriendo en esta “nueva normalidad”.

Desde Aegon aconsejan retomar de manera gradual las rutinas que solíamos tener antes del confinamiento: deporte, paseos, compras o visitas al médico. “Aquellos hábitos o rutinas que considerábamos esenciales antes del confinamiento volverán a nosotros poco a poco y con aspectos diferentes ”.

Y este retorno no debe ser temido por nosotros ni afrontado con miedo, ya que si seguimos las medidas oportunas de higiene y distanciamiento social no habrá nada que nos impida adquirir las viejas costumbres en una nueva vida.

La actividad social debe recuperarse poco a poco

La necesidad de retomar las relaciones previas al Estado de Alarma provoca cierta ansiedad entre algunas personas, sobre todo los más pequeños y quienes han estado confinados en absoluta soledad.

Ante tales circunstancias aconsejan no forzar la situación si la persona no está preparada: “Es fundamental que la persona recupere poco a poco su actividad social y no se enfrente a grandes grupos de personas si no se siente completamente preparado ” . Aunque apuntan que también es importante esforzarse para que  ese estado no se convierta en un trastorno o en alguna fobia que requiera de atención profesional”.

Respetar siempre las medidas de higiene

La vuelta poco a poco a la normalidad nos permitirá adoptar aquellas rutinas de higiene y prevención del contagio que nos hemos visto obligados a aprender durante el confinamiento. Y que en muchos casos aún no habíamos aplicado en un contexto social propio de la normalidad. Usar mascarillas en el transporte público, lavarnos las manos a menudo, evitar tocarnos el rostro o los ojos con las manos, estornudar o toser en nuestro codo… son todas prácticas de obligado cumplimiento para estar a salvo, y que ahora tendremos que incluir en la vuelta a las reuniones sociales o el puesto de trabajo.

 

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