De que nos arrepentimos en nuestro lecho de muerte

Decía el gran poeta simbolista Antonio Machado, «la muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos». Otra personalidad de la historia, dijo una vez: «Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada produce una muerte dulce». Era Leonardo Da Vinci, y lo que quería decir con la frase es el clásico tópico literario del «carpe diem»: aprovecha el tiempo presente sin pensar en el futuro.

Una enfermera explica las 5 cosas de las que la gente se arrepiente en su lecho de muerte y nos lo cuenta…

No haber sido fiel a mí mismo

El más común de todos. A todos nos pasa que muchas veces hemos tomado decisiones importantes coartados o medio convencidos por los demás. «Cuando la gente se da cuenta de que su vida casi ha terminado y mira hacia atrás, es fácil ver cuántos sueños no se han cumplido«, afirma Bronnie Ware. «La mayoría de las personas no han cumplido ni la mitad de sus sueños. La salud brinda una libertad que muy pocos conocen, hasta que ya no la tienen», sentencia.

Haber trabajado tanto

El más curioso de todos, si atendemos a ese concepto del trabajo como algo que dignifica la existencia. «Este vino de cada paciente masculino al que cuidé«, puntualiza la enfermera. «Echaron de menos haber vivido más la juventud de sus hijos y disfrutado más la compañía de su pareja. Las mujeres también hablaron de esto, pero como la mayoría eran de una generación anterior, muchas de ellas no fueron las encargadas de traer el pan a casa». Ware sostiene que «la mayoría de los hombres lamentaban profundamente pasar la mayor parte de sus vidas en una rutina de trabajo«

No haber expresado mejor lo que sentía

«Muchas personas reprimieron sus sentimientos para mantener la paz con los demás», observa la enfermera. «Como resultado, se conformaron con una existencia mediocre y anodina y nunca se convirtieron en lo que realmente podían haber llegado a ser. Muchos desarrollaron enfermedades como depresión o ansiedad a raíz de esto. Pero lo que más les pesaba, según ellos, era la sensación de no haberlo intentado», declara. Por ello, siempre ten cuidado en lo que te conviertes, no sea que otros elijan por ti.

Haber dejado de lado a sus amigos

«Muchos de mis pacientes no tuvieron la necesidad de contactar con sus antiguos amigos hasta el final. Justo cuando ya era tarde y resultaba imposible dar con ellos», explica. «Algunos de ellos se vieron tan sumergidos en sus trabajos y vidas conyugales que dejaron atrás antiguas amistades. Hubo muchos arrepentidos que no ofrecieron el tiempo y el esfuerzo que sus amistades merecían. Todos extrañan a sus amigos cuando están a punto de morir«, concluye.

No haber sido más feliz

«Muchos no se dieron cuenta hasta el final de que la felicidad no es un estado, sino una elección», comenta Ware. «Se habían quedado atrapados en viejos patrones y hábitos. La llamada ‘zona de confort’ y el entorno familiar les paralizaron, y el miedo al cambio les hizo fingir delante de los demás, y para sí mismos, que estaban contentos, cuando en lo más profundo de su ser anhelaban reírse y volver a hacer todo tipo de tonterías», explica.

  

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