Educar en respeto, no en obediencia

A menudo, los padres no saben distinguir entre respeto y obediencia, lo cual ocasiona que la relación con sus hijos sea sana. Por esta razón es importante saber cuál es el límite que separa estos dos conceptos y cómo separarlos en la práctica.

Cabe destacar que, muchas veces, la obediencia no da como resultado padres e hijos felices. De hecho, muchas veces crea una barrera entre ambos que, progresivamente, perjudica el afecto y sus distintas expresiones.

¿Qué es la obediencia?

La obediencia es la acción de seguir las órdenes de otra persona (considerada como superior) sin cuestionamientos, justificaciones, motivos ni razones. Por lo general, esto implica que se atienden a los preceptos del superior para complacerlo.

Riesgos de la crianza basada en la obediencia:

Los niños no se atreven ni saben expresar sus emociones porque cualquier acto espontáneo es sancionado.

Los niños a los que se les enseña a guardar silencio, a esconder sus lágrimas porque «llorar es de débiles» o a quedarse quietos porque «molestan», se reprimen emocionalmente.

La obediencia busca también «proteger» al niño de posibles peligros. Un niño obediente es una persona que no cruzará la zona de confort del hogar y que estará apegado a esa burbuja familiar.

Educar en respeto crea vínculos sanos

No es lo mismo «cállate y quédate quieto que lo único que haces es molestar» que decir «¿puedes guardar silencio ahora, por favor? Mamá está hablando por teléfono».

Toma nota de estas claves en las que reflexionar sobre el valor de la educación basada en el respeto:

Ofrece responsabilidades a tu hijo. Es necesario que desde bien temprano aprenda la importancia de hacer cosas por él mismo y hacerse cargo de sus objetos personales. Poco a poco se sentirá orgulloso de sí mismo al darse cuenta de que es capaz de hacer muchas cosas y de que nosotros, confiamos en ellos.

Razona con tus hijos sobre toda norma que establezcas en casa. Explícale por qué debe cumplirse. Habla con tus hijos y establece una comunicación respetuosa donde atender todas sus preguntas.

Cuando haga algo mal no grites ni humilles («eres torpe», «eres el niño más malo del mundo»). En lugar de intensificar la negatividad, enséñale a hacer las cosas bien. Entiende sus emociones y enséñales a canalizar y a entender esos procesos internos.

 

Leer más: https://eresmama.com/educa-respeto-no-la-obediencia-del-miedo/

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