El éxito tal y como lo conocemos…es un engaño

La fórmula del éxito tiene en cuenta el tiempo libre y nosotros lo estamos olvidando.

 Es una lata el trabajar. Todos los días te tienes que levantar y desayunar a toda prisa, exponerte al consabido atasco o a un largo trayecto en transporte público, y hacer funambulísticos equilibrios para encajar las docenas de tareas de la jornada. Pero de eso se trataba, ¿no? “El que algo quiere, algo le cuesta”, le dirán. Todo sea por medrar, por prosperar, por conseguir ese ansiado ascenso que trae pareja una sustancial subida de sueldo. Ya descansará cuando pueda poner los pies sobre la mesa de su despacho en la planta noble xito. O no.

“Definitivamente, tenemos equivocado el concepto”, lamenta Aritz Urresti, experto en técnicas de mejora de la productividad profesional y personal: “La fórmula aceptada, la que nos han vendido, es que éxito es igual a un buen trabajo y mucho dinero. Pero el éxito real se basa en el equilibrio entre las seis áreas cruciales de la vida: salud, familia, profesión, formación y los planos social y espiritual“. Por eso, cualquiera que trabaje 15 horas al día, aunque reciba al final de cada mes un opíparo sueldo, jamás podrá vanagloriarse de ser una persona auténticamente exitosa.

No tener tiempo para descansar nos convierte en esclavos

Más contundente es la sentencia de Nietzsche: “El que no tiene dos terceras partes de la jornada para sí mismo es un esclavo, ya sea político, comerciante o erudito”. Máxima que sí marca la idiosincrasia de los países del norte de Europa: “Si bien en Estados Unidos es el capital el que manda, igual que en Reino Unido es la posición social, en los países nórdicos son las mismas empresas las que penalizan al trabajador cuando trabaja más horas de las que le corresponden”, explica Urresti, quien contrapone ese sistema al que aquí impera, el de que el trabajo únicamente se mide por horas. 

 

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