La regla de las tres «eses»: suelta, sonríe, siente

La regla de las tres «eses» nos ofrece una sencilla pero valiosa lección. Según esta propuesta, en la vida hay que aprender a dejar ir porque al soltar damos paso al propio potencial. Tras ello, hay que sonreír, permitiéndonos de este modo conectar con nuestro interior para generar optimismo y confianza. Más tarde hay que sentir el instante y abrirnos a todo aquello que está por llegar.

Las bolsas negras y la necesidad de dejar ir

Cuando algún miembro de la comunidad pasaba por un mal momento, el grupo se reunía y llevaban a cabo la ceremonia de la bolsa negra. Se trataba simplemente de que esa persona enumerara en voz alta todo lo que le molestaba, preocupaba o temía. Cada pensamiento se simbolizaba con una piedra que más tarde se introducía en ese objeto.

Después, dicha bolsa se enterraba en un lugar secreto. Solo cuando ese miembro de la comunidad hubiera llevado a cabo la regla de las tres «eses» se procedería a simbolizar la liberación y la destrucción de la bolsa negra. Y para ello, el primer paso era aprender a dejar ir.

Sonríe de forma sincera

El siguiente paso de la regla de las tres «eses» es sonreír. Así, y aunque el hecho de dibujar una sonrisa en nuestro rostro no sea nada fácil cuando nos hemos atrevido a dejar ir ciertas cosas, es necesario intentarlo. La razón es evidente: cuando uno se atreve a liberar las emociones negativas y romper lazos respecto a lo que ya no es útil o no beneficia, lo que experimenta muy a menudo es vacío.

Siente el placer de la libertad

La última clave de la regla de las tres «eses» es la más esperanzadora, la más revulsiva: sentir la libertad. Pensemos en ello ¿cuándo fue la última vez que nos sentimos verdaderamente libres? Esta sensación arrolladora surge cuando no hay pesos en el interior. Cuando no hay bolsas negras que ocupen nuestros pensamientos. Que atenacen nuestro cuerpo quitándonos la salud.

 

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