Los cinco indicadores clave que tienen en cuenta los jueces para detectar un falso autónomo

Los falsos autónomos llevan tiempo en el punto de mira de la Administración y los tribunales. En el último año, la Inspección de Trabajo ha dado de alta como trabajadores a 11.013 repartidores de Glovo. El organismo le reclama, además, que abone 16,2 millones de euros por las cotizaciones impagadas durante este tiempo. Esta decisión vino después de que el Tribunal Supremo determinara por primera vez que la relación existente entre un repartidor de Glovo y su empresa tiene naturaleza laboral, declarando, por tanto, que estos riders son falsos autónomos.

En los últimos años, se han disparado las sospechas de que las empresas, especialmente las surgidas de la economía digital, se estaban valiendo de esta forma de contratación fraudulenta. Debate que, desde 2017, se ha instalado ya en los tribunales, que han tenido que analizar un importante número de casos de riders que reclamaban que eran trabajadores por cuenta ajena (laborales) y no por cuenta propia (autónomos).

Las resoluciones, no obstante, han sido dispares en función de las condiciones establecidas por cada compañía. Según explican los expertos, no puede llegarse a una conclusión general válida para todos los casos, sino que deberán estudiarse las circunstancias de cada caso. ¿Qué elementos tienen en cuenta los jueces para determinar la existencia de un falso autónomo?

1. Falta de flexibilidad

El trabajador que opera de manera autónoma se caracteriza, entre otras cosas, porque puede organizar y distribuir sus tareas libremente. Por lo tanto, un indicador que ayuda a identificar si existe una relación laboral oculta es si la empresa fija una serie de obligaciones o pautas a la hora de desarrollar las labores, si impone un horario laboral u obliga a fichar al empezar y acabar la jornada.

Robert Gutiérrez, abogado laboralista, señala que la clave consiste en determinar si el trabajador cumple con los elementos propios de la contratación por cuenta ajena. Estos vienen definidos en el artículo 1 del Estatuto de los Trabajadores, y son dependencia (es decir, que el trabajo se realice bajo la organización y dirección de otra persona) y ajenidad (que la empresa asume los riesgos y los beneficios).

2. Usar herramientas de la empresa

Otro indicio revelador es si, pese a cotizar en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA), el trabajador realiza sus tareas en las instalaciones de la compañía junto con el resto de la plantilla, o si usa herramientas que le proporciona la empresa, entre otros elementos. En esta línea, también es un elemento revelador si el empleado está obligado a realizar el servicio personalmente y no puede valerse de colaboradores.

El letrado añade, además, otras señales que pueden resultar más evidentes, como si la compañía cuenta con empleados por cuenta ajena que desempeñan las mismas labores que el autónomo, “o si antes de darse de alta en el RETA, la persona estaba contratada por cuenta ajena y hacía tareas idénticas”.

3. Tener un salario fijo

El letrado Victor Canalda señala otro agente importante a analizar: la retribución. “Es importante identificar si el aparente autónomo tiene la capacidad de fijar sus precios o tarifas o si, por el contrario, le vienen impuestos de forma fija cada mes”, concreta. Este segundo escenario sería propio de una relación laboral por cuenta ajena.

En este sentido, también es un signo de relación fraudulenta si el trabajador no corre el riesgo de tener pérdidas, ya que cobra lo estipulado en un contrato independientemente del resultado, o si se le puede sancionar o penalizar por incumplimiento o falta de desempeño.

4. Solicitar vacaciones y otros permisos

El trabajador por cuenta propia no tiene en sí un derecho a las vacaciones porque, al distribuirse su labor libremente, él es el encargado de decidir cuándo trabaja y cuándo no. Por lo tanto, un claro indicio de falso autónomo es que sea la empresa la que organice las vacaciones “o la que autorice otros permisos retribuidos”, matiza Canalda, como la baja por paternidad o maternidad, por hospitalización de un familiar, mudanza, etc.

 

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