No me llames, que acabé mi jornada laboral

No me llames, que ya acabé mi jornada laboral: así nos cambiará la vida la ley de desconexión digital.

El Congreso ultima una nueva Ley de protección de datos que previsiblemente contemplará, como en Francia, el derecho a no ser molestado con llamadas al móvil fuera del horario de trabajo.

El dato era sintomático y relevante, pero apenas trascendió más allá de unos pocos medios: la ‘Encuesta de percepción social de la innovación en España’, publicada el pasado mes de octubre por la Fundación Cotec en colaboración con SigmaDos, concluyó que una aplastante mayoría de los españoles (el 85%) se muestra favorable al llamado derecho a la desconexión digital. Esto es: a que tu jefe deje de llamarte día sí y día también fuera de tu horario de trabajo.

Quizá, sabedores de que existe un amplio respaldo social al respecto y a imitación de países como Francia en los que dicha circunstancia ya está legislada, el Congreso ultima la aprobación de la nueva Ley de Protección de Datos, que en su articulado contemplará, previsiblemente, el citado derecho a la desconexión digital. Una propuesta que surgió del PSOE y que, de superar todos los trámites y enmiendas pertinentes que están ahora encima de la mesa, podrá ser realidad en poco tiempo.

Según avanzó recientemente Europa Press, el citado artículo especifica que “los trabajadores y los empleados públicos tendrán derecho a la desconexión digital a fin de garantizar, fuera del tiempo de trabajo legal o convencionalmente establecido, el respeto de su tiempo de descanso, permisos y vacaciones, así como de su intimidad personal o familiar”. Pero, ¿cómo nos cambiará la vida esta ley en caso de que entre finalmente en vigor en los términos planteados?

“En mi caso me temo que este tipo de leyes me afectarán más bien poco”, lamenta Ana, periodista madrileña, freelance y autónoma. “A veces es difícil no contestar a un Whatsapp o a un correo electrónico a cualquier hora, incluso aunque estés tomando cañas con los amigos. De ello puede depender que te surja la posibilidad de escribir un reportaje o cubrir una rueda de prensa. Inevitablemente tienes la sensación de que, si no lo haces tú, siempre habrá otra persona dispuesta a hacerlo. Y dada la precariedad de esta profesión, está una como para decir que no a lo que sea”, cuenta con sarcasmo.

Ana reconoce que ella misma es partícipe de su propia situación, que en ocasiones roza lo adictivo. “Es un poco triste, pero soy esclava del móvil: me cuesta mucho desconectar, hasta el punto de que, al no tener horarios establecidos, la frontera entre la vida laboral y el tiempo libre es muy difusa: consulto mi correo electrónico constantemente, la cuenta del banco para ver si me han pagado ésta o aquella factura que me deben, el Telegram, el Whatsapp, el Messenger del Facebook… todo, todo el rato. De hecho, es lo primero que hago al levantarme y lo último que miro antes de irme a dormir”, suspira.

Para Javier, que trabaja desde casa como diseñador gráfico para una pequeña empresa de Barcelona, la desconexión digital sí es una gran noticia. Es más: está convencido de que puede ser un arma poderosa en manos de los trabajadores. “Me pasa constantemente: muchos de los clientes siguen trabajando cuando yo ya he acabado mi horario”, cuenta a Tribus Ocultas. “Para ellos es tan fácil como pedir un par de cambios por escrito en un correo, pero en mi caso implica tener que estar pegado a la pantalla del ordenador”.

En opinión de Javier, el móvil ha hecho que mucha gente sea más adicta al trabajo que nunca. “Hay clientes, y también trabajadores, que parecen no tener vida”, se queja. “Estoy convencido de que, si te organizas bien, hay tiempo para todo: trabajar y vivir. Que sí: que siempre puede surgir una urgencia excepcional, pero hoy día trabajar fuera de horario es el pan nuestro de cada día en muchísimos sectores. Si finalmente el estatuto de los trabajadores recoge este derecho, será un buen arma para que poder defendernos con la ley en la mano y poder decir: “lo siento, se acabó mi jornada: lo vemos mañana”.

Juan, también de Madrid, trabaja desde casa para una consultora. Y como Javier, valora muy positivamente la introducción del derecho a la desconexión. De hecho, él mismo se la impuso a sí mismo hace tiempo, sin necesidad de ley alguna. “Llegó un momento en que me encontré realmente saturado por el exceso de mensajes que recibía constantemente. Y no sólo relacionados con lo laboral, sino también de las redes de amistades y familiares”, relata. Decidió entonces poner en práctica una técnica simple pero efectiva: hacer una sola cosa al mismo tiempo.

“Parece una perogrullada, pero me resultó útil: tener mil ventanas abiertas, tanto en el ordenador como en el móvil, e incluso en nuestros quehaceres analógicos, nos produce tal dispersión y desconcentración que acabamos agotados física y mentalmente. Ahora, si tengo que trabajar con el ordenador, abro sólo un programa y una sola ventana a la vez. Miro el correo, contesto a lo que tenga que contestar y cierro la pestaña. Y otra cosa, mariposa. Se me ocurrió viendo la peli ‘Call me by your name’, que transcurre en los 80: me hizo recordar cómo era nuestra vida entonces: sentí nostalgia de aquella forma de hacer las cosas del día a día: leer un libro, quedar con los amigos o emprender un ligoteo…” Cosas que, de entrar en vigor la ley de desconexión digital, será un poco más fácil hacer sin temor a ser interrumpidos por el omnipresente trabajo.

 

Leer más: https://www.lasexta.com/tribus-ocultas/artes/llames-que-acabe-jornada-laboral-asi-nos-cambiara-vida-ley-desconexion-digital_201811055be14c6f0cf2f5a86b60d2c9.html

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