Es frecuente que en el taxi las conversaciones se inicien haciendo mención a hechos acaecidos en el pasado.

Bien por comparación, o por ausencia.

El que escribe, recuerda con cariño un jueves veintitrés de octubre del año mil novecientos noventa y siete. Eran las diez y cuarto de la mañana, y estábamos en la sala de espera de la notaría, esperábamos entrar en la sala grande, para constituir formalmente una sociedad que en nuestra cabeza ya existía desde hacía mucho tiempo.

Yo, instintivamente cogí una revista para mitigar el tiempo que iba a esperar, la portada, era una foto de los Duques de Palma, vestidos de boda, la suya, en la Catedral de Barcelona, y otra atendiendo en el Palacio de Pedralbes a los casi mil quinientos invitados.

En páginas interiores, una foto de dos conocidos políticos catalanes del PSC, Pascual Maragall entregando el mando al nuevo alcalde de Barcelona Joan Clos, pues el antiguo alcalde se marchaba a Roma para impartir clases en la universidad.

Como aún no era nuestro turno, volví a coger otra revista, esta vez era más antigua, cuya portada había la foto de la princesa Diana de Gales, ya que el treinta y uno de agosto había fallecido en un accidente de tránsito en Paris, eran unas imágenes que entristecían, y cambié la revista por una deportiva, dos noticias sobresaltaban de las demás, una el XXX Campeonato Europeo de Baloncesto Masculino que se celebró en Catalunya, y que gano Yugoslavia, y la otra que el Real Club Deportivo Español, le ganó al Valencia por tres a dos, siendo el último partido en su campo, después de setenta y cinco años de jugar en el mismo.

Nos avisaron, y ya no me dio tiempo a leer nada más.

Entramos en la sala, tenía de cuarenta a cincuenta metros cuadrados de espacio, los dos miramos dicho espacio, ya que en él había un mobiliario de madera de caoba, lleno de libros muy antiguos, y seguidamente nos miramos uno al otro, el señor notario empezó con el protocolo de lectura del texto de la escritura que íbamos a firmar, entre dicha lectura, los estatutos de la nueva sociedad que estábamos constituyendo, comprobó que nuestros datos eran los que constaban en nuestros documentos de identificación y nosotros asentamos diciéndole un sí.

Acto seguido estampamos nuestras firmas en las hojas de la escritura que el señor notario nos dijo, y después de una cordial despedida nos fuimos.

Era el inicio formal de una sociedad, que tal y como he mencionado antes ya existía en nuestra mente, y que en el transcurso de estos veinte años, ha sufrido una transformación paulatina, que se ha engrandecido por la cantidad de gente profesional que se ha ido incorporando, y las vivencias y desafíos empresariales de nuestros clientes, que igual que nosotros siempre han tenido en mente su sociedad.

Felicidades Incrementa Serveis de Gestió i Consultoria, S.L..

Firmado:
Jose Brillas