Tenacidad mental: cómo hacer para que las cosas pasen

Hay algo más importante que la inteligencia o el talento: la tenacidad. Se trata de esa fuerza interior que nos insta a levantarnos una y cien veces, ella quien nos da aliento fuerza y motivación para no rendirnos y sentirnos merecedores de algo mejor.

La tenacidad mental es algo más que una actitud ante la vida. Nadie llega a este mundo con esa capacidad innata para sobreponerse a cualquier adversidad o para aunar la determinación más osada, esa con la cual alcanzar cualquier meta o propósito. La fuerza de voluntad que impregna esta dimensión psicológica se entrena, se adquiere con la experiencia y con elevadas dosis de perseverancia.

Capacidad de desafío, autocontrol, confianza… Son muchas las dimensiones que edifican este tipo de mentalidad, pero desde el campo de la psicología nos señalan algo importante: todos podemos desarrollar esta competencia tan valiosa y necesaria. Asimismo, la persona tenaz no se define solo por esa disposición con la que intentar alcanzar el éxito en su trabajo o conquistar un objetivo

La tenacidad es, a su vez, el aliento de la superación y el bienestar con uno mismo. Tiene por tanto, un componente que se vincula directamente con la autoestima y que favorece nuestro sentido de autorrealización. Es percibir que somos capaces de conseguir aquello que nos proponemos, es sentirnos dignos, valiosos y capaces de dar forma a la vida y realidad que deseamos.

 

Tenacidad mental, ¿qué es?

Cuando las cosas se ponen difíciles, lo más complicado puede ser el proceso de toma de decisiones; qué camino tomar y, más importante aún, de dónde sacar la motivación para afrontar esa circunstancia inesperada. Admitámoslo, vivimos en una sociedad que pone la atención en dimensiones como la inteligencia, el talento, la creatividad, el carácter extrovertido, el liderazgo, etc. Ahora bien, ¿dónde queda la tenacidad?

La fortaleza contenida en eso que llamamos ser tenaz es, posiblemente, la competencia más valiosa que pueda tener el ser humano. Y sin embargo, no siempre nos la enseñan en la escuela, no siempre nos dan pautas para saber cómo despertarla. A menudo, hacemos uso de ella porque nos la han transmitido nuestros padres, porque determinadas figuras nos han inspirado y guiado para aplicar con efectividad esos recursos que conforman la tenacidad mental.

 

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