Cuando el Gobierno anunció la reforma fiscal, los inquilinos que ya tenían su contrato de arrendamiento firmado respiraron tranquilos porque entendían que la medida no tenía carácter retroactivo. Pero la alegría duró muy poquito, al leer el texto de la reforma, la norma establece un límite para que los que residen en una vivienda en alquiler puedan desgravárselo en su declaración de la renta, y cito textualmente:

Se articula un régimen transitorio para los alquileres de viviendas efectuados con anterioridad a 2015 de manera que la supresión sólo afectará a nuevos alquileres”

Y cómo le gusta al gobierno esto del régimen transitorio, y es aquí donde está el matiz. La intención del gobierno no es otra que progresivamente los antiguos inquilinos vayan perdiendo la deducción mientras van venciendo sus contratos de arrendamiento, y con riesgo de hacerme pesado, vuelvo a citar textualmente:

Para los restantes contratos, se mantienen en las mismas condiciones actuales hasta el vencimiento de las prórrogas legales, con un régimen transitorio que respeta los derechos adquiridos”

¿Pero qué pasa en la actualidad? Qué la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) hace imposible una duración a largo plazo de un contrato de alquiler. Por eso el legislador fiscal del 2014, ajustándose a la LAU, dispuso un régimen transitorio de beneficios fiscales al alquiler de corto alcance. Cómo para estas cosas, entre otras que ya todos conocemos, son muy hábiles, pensaron que con la última LAU aprobada en 2013, la duración del arrendamiento será libremente pactada por ambas partes, pero la primera firma del contrato se establecerá por un periodo mínimo de tres años. Esto significa que todos los inquilinos que firmaron un contrato de arrendamiento en 2013 y que cumplan los requisitos establecidos para deducirse el alquiler, podrán hacerlos sólo hasta 2016, fecha en la cual vence su contrato automáticamente.

Si por el contrario, el alquiler se firmó antes del 2013, el contrato estaría bajo el mandato de la antigua Ley de Arrendamientos Urbanos, que establecía una prórroga obligatoria de los contratos de cinco años. En este caso, un inquilino que hubiera firmado un alquiler en el año 2012, podría mantener la deducción por vivienda hasta 2017.

Parece ser que en este juego la clave son los verbos “prorrogar” o “renovar”. Un contrato “celebrado” antes de 2015 seguirá siendo exactamente el mismo contrato incluso si se lo somete a numerosas “prórrogas”. Cosa muy distinta sucedería si, a su término, las partes decidieran “celebrar” un nuevo contrato. En este último caso, el inquilino perdería los beneficios fiscales. Así lo acaba de aclarar la Dirección General de Tributos en una consulta vinculante (V0044-16) en la que explica la diferencia, a efectos fiscales, entre la prórroga y la renovación del contrato. La duda la plantea una contribuyente que alquiló un piso en noviembre del 2013, por un período inicial de un año, aunque con la posibilidad de estirarlo hasta tres, de acuerdo a la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU), que también permite seguir prorrogado el contrato de forma anual si no media comunicación en contrario por parte del dueño con 30 días de antelación al vencimiento. La inquilina plantea al fisco sus dudas sobre sí, prorrogando el contrato, este sigue generando derecho a la deducción. Y la respuesta de Hacienda es que sí: “La consultante tendrá derecho a la deducción por alquiler durante los periodos impositivos en los que, como consecuencia de su prórroga, se mantenga la vigencia del contrato”.

Así que señoras y señores nuestro querido tándem Mariano Rajoy-Cristóbal Montoro con su famosa reforma del IRPF (Ley 26/2014, de 27 de noviembre) nos la han vuelto a hacer ¿creen ustedes que ha favorido al contribuyente medio bajo?

Sin embargo, vamos a los que nos interesa, ¿podemos darle la vuelta al calcetín?

Me he estado leyendo la LAU, y sin ahora entrar en más detalles en esta ley, la LAU sólo garantiza al arrendatario de vivienda una ocupación de tres años. Pero el contrato original puede perdurar más allá de ese plazo. Eso ocurrirá (artículo 10) si, llegada la fecha de extinción del contrato o de cualquiera de sus prórrogas, ninguna de las partes comunica a la otra, con al menos treinta días de antelación, su voluntad de no renovarlo. De esta forma, un contrato de arrendamiento celebrado con anterioridad a 1 de enero de 2015 puede durar indefinidamente (estando sujeto al régimen convencional inicialmente previsto) a través del mencionado sistema de prórrogas. Y, por supuesto, el inquilino (si cumple los requisitos de la Ley del IRPF) también podrá deducir de manera indefinida el importe del alquiler, de acuerdo con la disposición transitoria comentada.

Mi consejo es que estudien bien la situación y la prorrogación del contrato, no firmen un nuevo contrato porque aunque sea todo lo mismo la renovación de un contrato de arrendamiento conlleva una rúbrica y un nuevo documento.

En Hacienda aducen que se quita una desgravación a ciertos colectivos para poder beneficiar al conjunto. De verdad se creen lo que dicen…

Jose Gomez